Urías Sureda es el nombre tras el cual se oculta un testigo silencioso. Cercano al entorno de Adrià y conocedor de los diarios que conforman esta obra, el autor ha preferido mantenerse en la penumbra, cediendo todo el protagonismo a la voz de quienes vivieron la expedición o la acompañaron de cerca a través de su cuaderno. En un gesto de respeto —o quizás de prudencia—, Sureda ha optado por el pseudónimo para proteger las identidades de aquellos que, en 1983, cruzaron fronteras que la cartografía oficial aún no se atrevía a dibujar.

Residente en algún lugar del Mediterráneo, Urías Sureda se limita a ser el transcriptor de una memoria que quema, convencido de que, a veces, la única forma de salvar la verdad es dejarla descansar al amparo de la literatura.