Prólogo
EL ECO DE LA TRAMONTANA Y EL ASALTO EN BALLESTERIES
El guardián del labio partido
La madrugada del veinticuatro de diciembre de 1983 estalla en el número treinta y dos de la calle Ballesteries con el eco de un portazo de hierro. Antonio, turbado por la euforia del hachís, irrumpe en el cuarto piso persiguiendo un negocio redondo, pero el silencio del inmueble esconde un hallazgo imprevisto: Úrsula, derrotada sobre el colchón de Adrià, custodia contra su pecho el cuaderno verde antes de emprender su exilio hacia el norte. El violento forcejeo entre las sábanas precipita la huida de la chica en mitad de la noche gironina, dejando el manuscrito de África en manos de un intruso que sella la página central con tres motas accidentales de su propia sangre, justo bajo la célebre y lapidaria sentencia: «Entre el origen y el fin, solo hay ruinas».
Parte I
EL LABERINTO DE CEMENTO Y EL SUEÑO DE LAS NARANJAS
1 — En el aeropuerto de Lagos
Varado en la terminal de la capital de Nigeria, Adrià Bonmatí estrena una libreta amarilla de papel rugoso bajo el soplo del aire acondicionado, añorando el cuaderno verde que ya viaja hacia Girona en manos de Margareth. Convertido en un despojo arrastrado por el trópico, el biólogo contempla su reflejo en el espejo —la barba desigual, el pendiente de plata y los pantalones deshilachados que le compró Úrsula— mientas evoca el infierno del Ténéré y la huida de Libreville tras estafar a los camioneros. El regreso a casa se fractura definitivamente en Yaoundé, donde el contable Enric evapora casi la mitad de las trescientas mil pesetas que Úrsula obtuvo de su finiquito, forzando un exilio que desvía a Adrià hacia Río de Janeiro. El tramo se cierra entre el contrabando ilegal de nairas en un ajedrez de cartón y el pánico ciego de la aduana nigeriana, antes de que el coloso de un Boeing de Varig le regale una segunda oportunidad rumbo a Sudamérica.
Parte II
EL SANTUARIO CARIOCA Y LOS SEÑALES DE LA OREJA
2 — Copacabana
El aterrizaje en Río de Janeiro disuelve el rigor científico de Adrià Bonmatí en un santuario geográfico rodeado por el Pan de Azúcar y el Cristo Redentor. Despojado de su equipaje por un retraso en Barajas y sitiado por el indescifrable siseo carioca, el biólogo se refugia en el Hotel Oceânico, donde el fajo de francos africanos se revela como inútil papel mojado. Para saldar sus deudas y comprar su supervivencia en el mercado de la carne de Copacabana, Adrià comete el enésimo sacrificio de su identidad: empeña su microscopio de viaje y el Rolex de la facultad en una casa de objetos usados de Ipanema. La soledad tropical estalla en mitad de las ceremonias nocturnas de la macumba —un plano espiritual de transiciones inhumanas que desafía los manuales de fisiología— y la traición de Thiago, un vendedor de peluches que le evapora doscientos dólares de confianza. El tramo se cierra en la Nochevieja de 1983 bajo el estruendo de los fuegos artificiales, con un Adrià quebrado que tacha su aventura para firmar en su libreta amarilla el único veredicto posible: el regreso inmediato a Cataluña.